En el proceso de aceleración de los cambios de la vida social, de instalación definitiva del desarrollo tecnológico y de la democratización en todas sus manifestaciones, las demandas de equidad y de inclusión social otorgan una centralidad excluyente a los procesos educativos.

Esta situación adquiere perfiles propios en nuestra comunidad, en la que las necesidades de mejoramiento de la calidad de vida -y por ende de la educación-, así como las de formación ciudadana y de reestructuración del mundo productivo, generan nuevas demandas de diversa índole a las que el Instituto procura brindar respuestas concretas y viables.

En este marco contextualizador es que nuestra institución partiendo de una concepción humanística, se propone afianzar la educación como proceso permanente y transformador a través del cual se vayan desarrollando las potencialidades del hombre en tanto persona individual, socialmente integrada a la comunidad y esencialmente trascendentes.

Sobre esta base la formación integral de la persona debe sostenerse en el respeto por la singularidad individual y por la libertad creativa que tiendan a la construcción de un proyecto arraigado con la sociedad de pertenencia.

Es esta concepción el eje del hombre-realidad constituye no solamente su fundamento antropológico sino, además, la matriz filosófica que nutre de sentido a la vida y al trabajo del hombre. Y es a través de este trabajo que el hombre conforma la cultura, entendida ésta como la producción material y espiritual de un pueblo que se manifiesta en su modo de vida y es el resultado de un proceso histórico social.

La recreación cultural necesita de la elaboración y concreción de un proyecto educativo que revalore la vida, la libertad, la paz, la solidaridad, la diversidad la justicia y el trabajo.

En este marco filosófico-antropológico y sobre la base de la necesidad de adecuar el nivel institucional del Currículo a nuestra realidad, es que el mismo se asentará en principios de teorías del aprendizaje que permitan la resignificación del conocimiento de una educación democrática, flexible y abierta al cambio, que posibilite a todos la inserción en una realidad social e individual compleja que demanda el desarrollo de capacidades acordes con las exigencias del mundo actual.

Para alcanzar estos fines se necesita de Directivos y Docentes que se desempeñes en el proceso de enseñanza-aprendizaje con capacitación acorde al objeto propio de su función: la conducción de la construcción de conocimientos escolares y científicos con metodologías y técnicas de estudio variadas, que estimulen la formación integral de los alumnos.

Por ello, el nuevo rol de la escuela en su relación con la comunidad educativa, requiere de Directivos, Docentes, Padres y Alumnos que se comprometan con las funciones propias de una educación transformadora, sobre la base de la solidaridad, el cooperativismo, la producción creativa y la coherencia. Solamente así se logrará el ideal de persona y de educación planteados que darán sentido a nuestra identidad como Institución.

Los Valores de Convivencia de Nuestro Instituto

Respetar

Respetar la convivencia en el trabajo escolar.

ENCONTRAR

Descubrir la relación entre los derechos de unos y deberes de los otros.

Transmitir

Transmisión veraz de los hechos.

DECIDIR

Tomar decisiones y responsabilidad por las consecuencias de su accionar.

SOLIDARIZARSE

Interés por las necesidades de otras personas.

Descubrir

Descubrir los beneficios del trabajo cooperativo y solidario en su actividad diaria.

Cumplir

Cumplir normas como fundamento de la justicia.

Valorar

Valorar la sinceridad.

Cuidar

Cuidar y valorar sus pertenencias y la de los demás.

Aceptar

Aceptar a los demás y rechazar las actitudes discriminatorias.

Evitar

Evitar agresiones y juegos violentos.

Dialogar

Tratar los conflictos mediante la búsqueda del diálogo, la reflexión para llegar al entendimiento sin tomar otras medidas que perjudiquen las relaciones con cualquier integrante de la comunidad escolar.